Los orígenes de la cocina

En las cocinas de lujo de eggersmann encontramos una serie de cualidades típicas de Westfalia: artesanía robusta, dedicación, ganas de experimentar, arraigo. Por eso son muy apreciadas en todo el mundo. Pero por este mismo motivo estuvieron a punto de no abandonar su tierra natal: una historia de éxito marcada por la casualidad.

Fotos: Christian Protte, Ralf Buscher | Texto: Oliver Geyer

Por un momento parece como si un objeto extraterrestre hubiese aterrizado en mitad de la apacible provincia alemana.
Desde luego, esto es lo que uno podría pensar al llegar a la localidad de Hiddenhausen y contemplar el nuevo edificio de la empresa eggersmann, después de atravesar con su coche las lomas, las praderas y los campos de Westfalia Oriental. Hace un momento todo era campo y pueblos y de repente este «objeto». Al contemplarlo más de cerca nos damos cuenta de que en realidad estamos ante una arquitectura a la altura de los tiempos. Incluso su aspecto se asemeja al de una cocina — una cocina eggersmann. Es precisamente la gente que acude aquí la que más se percata de ello: viene a visitar la nueva exposición de cocinas en el interior del edificio. Algunos incluso vienen desde muy lejos.

Continuidad: una larga tradición en esta empresa

Podría pensarse que el éxito internacional que irradia el edificio está fuera de lugar en un entorno tan campestre. Pero las apariencias engañan, ya que sus raíces se encuentran precisamente aquí. Desde hace más de 100 años, las cocinas eggersmann son sinónimo de la máxima calidad. Wilhelm Eggersmann comenzó aquí su andadura en 1908 junto con dos oficiales de carpintería, cuando en Alemania aún gobernaba un káiser, fabricando vitrinas nórdicas de alta calidad. Cual haya del cercano bosque de Teutoburgo, el proyecto empezó a crecer hasta ir consolidándose poco a poco. En la nueva sala de exposición aún puede verse, un poco apartado de las nuevas cocinas monolíticas, el viejo armario de cocina que la empresa exhibe con motivo del 40 aniversario. Por aquel entonces, pocos años tras el final de la Segunda Guerra Mundial, aquí se vivió una época de esplendor, y la región pasó a ser considerada como el Silicon Valley de la producción de cocinas. Muchas de las grandes empresas de cocinas alemanas proceden de aquí. Los excelentes ebanistas de Wilhelm Eggersmann proporcionaron muebles de cocina a los ciudadanos alemanes que, poco a poco, fueron recuperando un alto poder adquisitivo. Muebles que debían durar una eternidad. Estas fueron también las expectativas de la propia empresa.

Michael Brinkjost muestra las instalaciones de producción — a muchos comerciantes les gusta ver las instalaciones con sus propios ojos

La creencia en la continuidad generacional ha estado siempre muy arraigada en esta empresa familiar, transmitiendo seguridad como la estructura sólida de sus cocinas. «Por supuesto, yo también me formé como ebanista», afirma Michael Wunram (55), bisnieto del fundador y actual gerente. Al preguntarle que si desde pequeño su deseo siempre había sido hacerse cargo de la empresa, su respuesta es un directo y contundente «¡No!». De joven no tenía ninguna opinión al respecto. Y de haberlo hecho, tampoco es que le hubiese interesado mucho a nadie. Wunram aún recuerda cuando de niño acudía a visitar a su bisabuelo de la mano de su madre. Vivían puerta con puerta, y su salud era ya muy delicada. «Mi madre tuvo que jurarle que derramaría hasta la última gota de sangre por la empresa». Christa Eggersmann mantuvo su palabra y en las siguientes décadas hizo que la empresa se convirtiese en lo que es hoy.

No cabía duda de que su hijo debía continuar con la tradición familiar. Y este deseo era cada vez más patente en él. Decidido a que la empresa prosperase, Michael Wunram se licenció además en economía. ¿Pero existía también un plan maestro para que eggersmann se convirtiese en una empresa de tanto éxito internacional? ¿Para que la marca se convirtiera en sinónimo de cocinas exclusivas de alta calidad en más de 40 países? «No, esa nunca fue nuestra intención», admite Wunram. «Yo suelo decir: carpe diem. Simplemente hemos sabido aprovechar nuestras oportunidades».

Planes de gran envergadura, no. 
Pero sí pasión y un buen olfato para las oportunidades

Esta es la mentalidad en Westfalia Oriental. La gente es demasiado sensata como para andar pensando en planes grandilocuentes, y es que tampoco queda demasiado tiempo para grandes visiones. El que tenga visiones, que vaya al oculista. Pero si realmente quiere hacerse algo bien, entonces se hace consecuentemente, con determinación y una pasión cada vez mayor. Y esto también significa: desarrollar un instinto para identificar las oportunidades y saber aprovecharlas.

Arquitectura y cocina: el nuevo edificio de la empresa eggersmann en Hiddenhausen es toda una declaración de intenciones

Como aquel día de 1967, en el que el destino llamó a la puerta. Es cierto, el éxito no se extravió en este entorno rural. Pero sí la primera oportunidad de exportación. A finales de los 60, un holandés se presentó en el vestíbulo. Exactamente en el mismo lugar en el que hoy se encuentra la entrada a la nueva sala de exposición. El hombre se había extraviado, en realidad estaba buscando otra empresa, así que le mostraron el camino. De este modo comenzaron a charlar y acabaron hablando de negocios. Se dio la casualidad de que se trataba de un representante de cocinas y ya había empezado a echar un vistazo a la exposición de cocinas. Los Países Bajos se convirtieron en el primer gran mercado de exportación de eggersmann.

Aprovechar las oportunidades, crear vínculos personales nuevos y ofrecer una calidad fiable. El modelo de éxito de los años venideros quedó ya definido en esta primera experiencia. Hasta hoy, lo que cuentan son las buenas relaciones in situ con los socios.«Es importante contar en el país con representantes que tengan una personalidad fuerte», recalca Michael Brinkjost, el otro Michael, con quien Wunram dirige la distribución internacional.

Cuando hacemos algo, lo hacemos bien, consecuentemente, con determinación y pasión.

Pero también hay que destacar la figura de Andreas Schewe (61), otro de los pilares de la empresa. Con más de 30 años de servicio, es el artífice, junto con la madre de Wunram, de la actual eggersmann. Schewe ha consolidado a lo largo de los años relaciones excelentes con la red de distribuidores europeos. Su padre ya trabajaba aquí. En eggersmann todo se mantiene más bien pequeño y familiar. En múltiples aspectos se trata de una auténtica empresa familiar. La palabra «personalidad» tiene un significado muy profundo en la empresa.

alttext
A pesar del interés por la innovación, la base continúa siendo la vieja escuela ebanista

Las cocinas manifiestan personalidad – la propia y la del cliente. Y lo hacen sobre todo a través de la superficie especial que este elige y que confiere a la cocina un toque personal. Estas ganas de experimentar han llevado a eggersmann a utilizar en los últimos años una gran variedad de materiales que hasta ahora nadie había usado en la fabricación de muebles de cocina. El concepto «Unique», que apuesta por utilizar el material de la encimera también para el frontal, ha sido todo un éxito: además de todos los tipos de chapeado posibles, también se utilizan acero inoxidable y piedra, con sus exclusivas características de veteado, textura y háptica. De este modo, eggersmann ha hecho del mueble de cocina una forma de expresión individual.

Una innovación que anima a realizar peticiones especiales. Brinkjost recuerda a un cliente de los EE. UU. que quiso que su cocina tuviese el mismo tipo de piedra que el suelo de su casa. Pero este solo podía conseguirse en América, por lo que eggersmann mandó enviar el material a Alemania para devolverlo a través del Atlántico unas semanas más tarde en forma de cocina. Una confección individualizada en tiempos de la globalización. «Mientras el proyecto sea rentable, aceptamos este tipo de encargos», asegura Brinkjost. Y si no es posible, tampoco pasa nada. Entonces el cliente y el socio distribuidor tienen que aceptar un simple «no» sin tapujos. Siempre les queda la opción de buscar entre la gran variedad de modelos disponibles.

El crecimiento se ha hecho a pequeña escala, permaneciendo en todo momento fiel al principio de artesanía y confección a medida

En el pasado, seguro ha habido momentos en los que sopesaron un sistema de producción en masa. Wunram lo admite claramente. Aquí, en el llamado «Chipboard Valley», algunas empresas han emprendido ese viaje con éxito; otras, por el contrario,han sucumbido en el intento. Pero para eggersmann nunca ha sido una opción seria. Y es que las características del lugar tampoco lo permitían. Esta ubicación no ofrece el espacio necesario para realizar una producción a gran escala, pero sí para ampliar progresivamente las instalaciones y adquirir las tecnologías de producción más modernas. El conjunto de naves y talleres que ha ido creciendo a lo largo del tiempo recibe de Wunram cariñosamente el nombre de «nuestras cabañas unidas». En realidad, esto es lo que ha hecho fuerte a eggersmann: el crecimiento se ha hecho a pequeña escala, permaneciendo en todo momento fiel al principio de artesanía y confección a medida. En la actualidad, la empresa cuenta con una plantilla de algo más de 100 empleados, y el último acabado sigue realizándose a mano.

El último acabado sigue realizándose a mano, como hace más de 100 años

Nos hemos adaptado al espacio disponible. Por eso, durante mucho tiempo existió un contraste entre la imagen que la marca ofrecía en el vasto mundo de las cocinas y lo que los visitantes veían al visitar las instalaciones. Aquí, diseño a la altura de los tiempos (y a veces incluso más avanzado) – allí, modestia típica de Westfalia Oriental: un vestíbulo con una diminuta exposición de cocinas y, al fondo, las «cabañas unidas». Wunram recuerda el día en que tuvo claro que las cosas no podían seguir así. Un adinerado cliente vino desde Rusia y, tras una breve visita, no daba crédito: cómo, ¿esto es todo? Estáis de broma, ¿no? «Aquí puede ver lo conservadores que somos cuando se trata de nosotros mismos», afirma Wunram. Pero tras la visita del ruso, lo tuvo claro: es hora de construir una nueva sala de exposición.

«Aquí puede ver lo conservadores que somos cuando se trata de nosotros mismos»

En 2016 finalizó su construcción, y desde entonces ha demostrado ser un factor clave para las ventas. Socios y clientes vienen y encuentran aquí el aura característica de la marca eggersmann: en primera línea, un diseño de cocinas moderno y con personalidad; en un segundo plano, artesanía de calidad y profesionales para los que la fiabilidad lo es todo.

Solidez y exclusividad en uno: Michael Wunram mantiene unida la empresa

Wunram asegura que siguen sin tener un plan maestro enfocado a la captación de nuevos mercados. Aún prevalece la máxima: carpe diem. Y es que no puede decirle al señor Brinkjost: coge un par de catálogos, vuela a Tokio y ve de puerta en puerta. Encontrar a un comercial con personalidad y establecer buenas relaciones es algo que debe ocurrir y crecer de forma espontánea. Pero está claro que es altamente improbable que un representante japonés se pierda y acabe en nuestro vestíbulo. En este aspecto son realistas. Pero quién sabe.

LA OTRA DIMENSIÓN DE LA COCINA

Estamos dispuestos a recorrer nuevos caminos para satisfacer los deseos individuales de nuestros clientes. Por eso, hay mucho que mostrar y contar.